Vida cotidiana

Crisis sin tragedia

04-09-2026

Por: Yael Desbats

Yael Desbats parte de su experiencia de aprendizaje financiero para interrogar a Nietzsche al respecto de la subjetividad atravesada por la deuda y una crisis que no logra darle forma al desborde.

Crisis sin tragedia

El saber no evita la caída. Y estoy empezando a pensar que tampoco es un paracaídas para no morir estrellada contra los conceptos. Nada que diga cómo funciona la experiencia termina haciendo que sepas cómo vivir. Porque vivir no es conceptualizar la experiencia que te está mostrando la vida, que sí quiere que sepas algo.

Voy al supermercado y tengo la idea de cruzarme después a la librería de enfrente. El señor que trabaja ahí me recomienda un libro sobre los conceptos de verdad y de mentira para entender mejor a Nietzsche. Me quedo muda. Nada más lejos de mí que querer sacar conclusiones. Lo dejo para quienes prefieren entregarse a los mandatos. Yo abrazo la depresión. Me sirve para pensar la imposibilidad de fijar conceptos, permanecer en la cama mientras la subjetividad sale corriendo. La subjetividad desorientada es una imagen que me da ternura y esperanza. Le podría escribir una carta a Nietzsche que dijera: “El otro día tuve una revelación mientras estaba con un libro tuyo. Me di cuenta de que lo más lindo de leerte es no entender del todo lo que querés decirme”. Pienso en Roland Barthes cuando convierte la relación con el texto en una relación de deseo, cuando dice que el texto es objeto de fetiche y ese fetiche “me desea”. En este caso, yo también deseo al autor.

Recuerdo cuando cometí el error de hacerme la filósofa para un trabajo práctico de la facultad: había que relacionar a Hamlet con la duda cartesiana y terminé hablando de la inteligencia artificial, de que las personas van a buscar certezas a un depósito de dudas. El profesor decía que estábamos en un momento de crisis sin tragedia. Que las cosas están mal, pero no sabemos exactamente contra qué estamos luchando. La frase vuelve cuando pienso en Nietzsche: según el autor, la tragedia no tiene que ver con simplemente eliminar la tensión entre dos fuerzas opuestas. En El nacimiento de la tragedia, lo apolíneo y lo dionisíaco constituyen impulsos artísticos donde la tensión hace posible la forma pero también su desborde. No se necesita resolver la contradicción para que la forma suceda. Quizás por eso me interesa la crisis financiera como una crisis sin tragedia. Cuando el conflicto no consigue convertirse en forma, no encuentra una configuración para expresar el desborde en el cuerpo. 

El desplazamiento de mi interés por las finanzas hacia la filosofía puede haber sido una excusa para pensar en la subjetividad de la deuda, en el deudor que aprende a relacionarse desde la deuda haciendo de ella una forma de vida. En La genealogía de la moral, Nietzsche utiliza la palabra schuld –que significa tanto culpa como deuda– para establecer la relación moral que hay entre el acreedor y el deudor, y desplazar el factor económico hacia la crisis ontológica del sujeto que siente culpa por lo que debe. La crisis sin tragedia en la Argentina de hoy se presenta de otra forma: el deudor no necesariamente siente culpa por no poder pagar. Desde el comienzo, el sujeto que accede al crédito sabe que es un sujeto endeudado. También lo sabe el sistema financiero, que lo incluye en sus lógicas incluso cuando la capacidad de pago queda en segundo plano. El Estado, mientras tanto, se mantiene al márgen. Por eso no hay culpa, no hay una relación trágica que implique la ruptura del contrato. 

Está cada vez más rara la vida social. Quedó atrapada entre la autorrepresentación y la exhibición de Instagram, más que en los contactos de WhatsApp. El feed funciona como un espacio destinado al reconocimiento de las identidades y luego queda petrificado. Y cuanto más intentamos controlar la imagen propia menos podemos lograrlo, porque si hay algo que nos enseña el recorrido de los discursos es que la recepción es un espacio terrorífico.  Vivimos entre los retos de memes en plazas públicas y la necesidad de profesionalizarse para conseguir trabajo.

 Se me ocurre volver a la subjetividad nietzscheana, a esa idea de construir conocimiento desde la lucha con la vida. El autor desconfía del sujeto que cree que puede comprenderse a sí mismo, que imagina que detrás de la acción hay algo estable. Detrás de la acción hay fuerzas, afectos, impulsos y cuerpos. La crisis sin tragedia podría ser la dificultad de darle forma al conflicto. De ofrecerle al cuerpo la posibilidad de que el desborde le devuelva la vida.

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